En un día de domingo...


Estado de reflexión…a veces no hace falta que las cosas estén  mal, a veces es solo que lo que uno piensa que quiere no lo es en realidad.
Y si no se es claro en lo que se pide a veces se encuentra uno con cosas que en realidad no quería tener, pero que necesitaba tener o encontrar para redefinir sus propias prioridades.  Hoy mi cama se apodero de mí y no hubo forma de que mi propio ser la incitase a salir de ella, ni el día estupendo, ni los destellos naranjas a las seis de la mañana, ni el bullicio de la mañana, ni la tarde inmejorable nada surtió efecto y aunque intente vanamente perderme en algún documental serio o en alguna película banal volvía a pensar en resoluciones que debo tomar, para ya dejar los recuerdos, para  reafirmar búsquedas y sobre todo para siempre, siempre intentar no fallarme a mí misma.
Y en esas me encuentro deshojando acontecimientos y sometiendo a la luz clara y limpia del amanecer  mis designios, mis sueños y hasta en cierta forma mis pareceres y la verdad no creo que nada este temiblemente mal, sino más bien que al estar las cosas bien uno tiene más tiempo de volver sobre ellas, de reflexionar sobre ellas, de repensar si los caminos son los correctos, si las elecciones lo son en verdad y no el fruto de miedos atávicos escondidos.
Resoluciones aún no tengo por completo, solo sé que  el tiempo y el día me están hablando de mil cosas  y que mi ser y mi interior están escuchando, yo solo puedo orar, tratar de ser reflexiva, tratar de caminar y entender porque transito este camino y no otro, luego sin duda una de esas mañanas de tonos naranja o quizá una de esas colmadas de nueves que suelen aparecer tras mi ventana, la respuesta estará allí, aquella respuesta a una pregunta no pronunciada.
Una necesidad previa a una vuelta a lo cotidiano, aunque sin duda dentro de lo “cotidiano” de la semana hay mil señales, mil caminos y mil elecciones que piden nuestra atención… El valor de las pequeñas cosas, en fin
A por el lunes ; )

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